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No a todos los niños le sienta bien
Los bebés pueden ser o alérgicos o intolerantes a la leche. Una alergia es más grave que una intolerancia, pero algunos de los síntomas son similares, dificultando así su diagnóstico.
Mientras que la alergia a la leche supone una reacción inmune a una o más de las proteínas presentes en la leche, una intolerancia no afecta al sistema inmunológico. Esta surge de la incapacidad de digerir ciertas sustancias de la leche.
Un claro ejemplo de esto es la intolerancia a la lactosa. Algunas personas producen muy poca o nada de enzima lactasa, que descompone la lactosa. Esto suele provocar diarrea e hinchazón de estómago y gases.
Ñam Ñam dice:
En realidad, solo un 2–7,5% de los bebés menores de 1 año son alérgicos a la leche de vaca. Y en la mayoría de los casos a los 3 años ya lo habrán superado, aunque algunos la pueden tener hasta los 6-8 años. A veces puede continuar también en la edad adulta, especialmente si hay antecedentes familiares.
Cómo detectar la alergia a la leche
Si tu bebé es alérgico a la leche, reaccionará a las fórmulas lácteas a base de leche de vaca y a veces, pero muy raramente, a la leche materna (salvo que acabes de tomar algún lácteo). Los síntomas de alergia a la leche pueden consistir en calambres estomacales, vómitos, diarrea, sarpullidos, urticaria, eczemas y dificultades respiratorias.
Es frecuente que los bebés alérgicos a la leche de vaca lo sean también a la de cabra y otros animales, ya que contienen proteínas parecidas.
De momento no hay ninguna prueba sencilla que pueda detectarla, por lo que se suele optar por varios test y modificaciones en la dieta para dar con la alergia.
Es importante que consultes a tu pediatra si sospechas que tu bebé la padece para hacer un diagnóstico y ponerle el tratamiento adecuado.
La alimentación y las alergias a la leche
Si diagnostican a tu bebé alergia a la proteína de la leche de vaca y le estás dando el pecho, en casos contados puede que esté reaccionando a las proteínas de la leche que le estés pasando de tu alimentación a la leche materna. Si fuera éste el caso, es posible que tengas que cambiar tu alimentación, pero sólo debes hacerlo tras consultarlo con un profesional de la salud.
Controlar la alergia a la proteína de la leche de vaca supone eliminar todo tipo de leches de vaca de la alimentación del bebé. Esto implica acostumbrarte a leer todas las etiquetas e ingredientes de cada alimento, ya que puede estar presente donde menos te lo imaginas.
Si tú bebé se está alimentando de fórmulas lácteas, y le han diagnosticado alergia a la proteína de la leche de vaca, es posible que el pediatra le recete una fórmula hidrolizada. La proteína de estás fórmulas ha sido descompuesta en partículas más pequeñas, de manera que el sistema inmunológico del bebé no los reconozca como un alérgeno (este proceso no altera el valor nutritivo de la fórmula).